La inmersión en los juegos

En cualquier juego de ordenador o consola, el requisito mínimo es que se logre la inmersión. Ya sea un tipo “pong” o uno en primera persona, es necesario que haga desaparecer el resto del mundo para nosotros, que olvidemos el medio de interacción con el entorno virtual. Sea con un wiimote, un dualshock o el teclado, debemos olvidarnos de él. Sea unas ruinas de Marte o una cancha negra con rayas blancas, debemos meternos en el escenario.

World of Warcraft nos ofrece un continente por el que pasear; Tetris nos ofrece un esquema visual sobre el que operar; los bolos de Wii hacen que pensemos en una esfera y los efectos de fricción con la pista; Call of Duty hace que movamos el cuello para asomarnos por las esquinas; God of War nos transporta a un escenario sobre marmol con enemigos atacando desde 360 grados. ¿Cómo se logra esto? ¿Qué hace que unos juegos “lo tengan” y otros juegos no? La proporción entre satisfacción gráfica y operaciones mentales no debe ser una mezcla lineal. Debe adecuarse la potencia gráfica del juego a la necesidad de la parte del cerebro que se utiliza para trabajar con esa pseudo-realidad, y a la madurez de ese cerebro. Por tanto, un Tetris no necesita más que una vista en 2D y un Call of Duty necesita algo más que unos triángulos en la cara a modo de ojos… ¿Acaso no os habéis hecho más caquita con el Doom 3 más una buena Nvidia que con el Doom 1 corriendo sobre DOS? El ser humano aprende, y si ha recibido más recompensa con el Gran Turismo corriendo con coches casi reales que con el OutRun, el cerebro exigirá el mismo nivel de recompensa, y no reconocerá inmersión suficiente en una vuelta al 3D del Spectrum. La DS está triunfando con el Brain Training y la PSP con el God of War; son máquinas que buscan una inmersión diferente pero acertada en ambos casos.

Nintendo ha logrado que nos olvidemos del control, y esa es la clave de su éxito. No hace falta “saberse los botones” para manejar Wii Sports. Lamentablemente, ha dilapidado este éxito intentando proporcionar juegos cuya calidad gráfica no puede manejar, o bien aplicar el paradigma 2D pero protagonizado por figuras 3D, que desaprovechan las virtudes del Wiimote (parecen juegos de Gamecube).

Todo esto es un alegato para hablar de los juegos de la Wii. El Wii Sports, por ejemplo, es un equilibrio perfecto: mientras juegas al tenis te olvidas de que llevas un acelerómetro en la mano… ¡es una raqueta! En el Call of Duty 3 de Wii disfrutas apuntando a… ¿ese grupo de píxeles son una cabeza?… No sé… disparo por si acaso. (¡Ay,… se ha vuelto a colgar! Demasiados “sprites”). En el Prince of Persia se corre por la pared pulsando el gatillo (uf) y en el Medal of Honor Heroes 2 se gira la cabeza como si fueras la cámara de seguridad de la choza de Terminator. En definitiva, la Wii tiene juegos en los que existe inmersión interpretada (”tetrisiana”; los Miis golpean con la raqueta, pero no se esfuerzan mucho en hacernos creer que son más que un bolo); pero uno, ya mayor, no busca otra cosa que experiencias realistas, y la Wii no proporciona eso. No quiero más juegos de “Educa”. No quiero más estrellitas amarillas sonrientes botando. Me hace falta potencia gráfica.

Por ejemplo, el trailer de Soldier of Fortune de PS3 me hizo babear.

elFriki

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Martes, 27 de Mayo de 2008

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